Filosofándonos

"Si es necesario filosofar, es necesario filosofar. Si no es necesario filosofar, de todos modos es necesario filosofar, porque sólo filosonfando se puede demostrar la necesidad de prescindir de la filosofía". Agustín de Hipona.

viernes, enero 18, 2008

Acerca del desear

Desear, ¿qué se cumple con sólo desear? Tal vez espectativas tan perfectas como inalcanzables.

El deseo es un otorgador de metas y sentidos, de anhelos, de esperanzas; el deseo siempre está allí, en ese horizonte, subsistente a cualquier tempestad, o por lo menos subsistente en la medida que este deseo más profundo e imponente se halle presente.

Pero sólo desear no nos hace poseedores, sólo imaginar un futuro prospero por más cercano que sea se puede distanciar aún más con cada paso que no es dado.

El sólo deseo se torna una incierta apuesta; pero el avanzar, el ir hace ese deseo muchas veces también.

¿Cuándo se produce la concreción, cuando ya no queda más nada por esperar, cuando no queda más nada por hacer? ¿O bien la concreción se inicia cuando aquello que queremos se presenta visible y alcanzable? ¿Ahí podemos decir que lo logramos? ¿O la importancia de todo lo que hacemos es tal que con sólo dar un mínimo paso nos podemos sentir consquistadores de cualquier desierto e inconmensurabilidad?

Nunca alcazar algo sin duda no es lo mismo que fracasar, así como que algo sea inalcanzable nunca será justificativo par nada intentar.

3 comentarios:

Azazel dijo...

Sin ese 'motor' no seríamos nada, aunque seamos frustrados en cada paso....

VITOCHAS dijo...

Esa última reflexión es muy puntual.

Desear es anhelar, pero nada más.

Si el deseo no se conecta con la voluntad díficilmente puede devenir acción.

Desear es igual que soñar: construir una realidad intangible sin ningún viso de viabilidad y concreción.

Sin embargo, desear es también el punto de inicio de la ambición, del querer ser, querer decir, querer hacer, siempre en el tiempo presente, con miras hacia el futuro.

Saludos

Adrianófanes dijo...

El deseo existe en tanto no es satisfecho; cuando la pretensión se cumple, deja de ser deseo, es decir, de formar parte de lo ilusorio, para ser algo "real".

Puedo desear tomar un helado; pero una vez que salgo de la heladería, el deseo deja de existir porque yo ya poseo mi objeto de satisfacción.

De todos modos, desear es una gran fuente de movilización. Sin deseo, no hay esperanza.

Un abrazo!